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Los tiempos de Stoichkov

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Se han cumplido 27 años de la escena que protagonizó Hristo Stoichkov ante Ildefonso Urizar. Una mala decisión tomada con su indomable corazón, aquél que le ha representado en toda su carrera profesional, y en la vida.

En aquel Clásico de Supercopa de un frío diciembre, Stoichkov se borraría de 12 partidos tras pisar al colegiado. Hristo siempre defendió que vio la primera amarilla porque el árbitro interpretó que estaba simulando la falta de Chendo. Urizar dijo que fue por protestar. Las quejas de Cruyff lo mandaron fuera del banquillo y Hristo se calentó todavía más. Él, su temperamento, su protección, su lucha. Todo terminó en un pisotón, y aquel trofeo, en manos del Real Madrid.

Alguien cercano me dijo recientemente, con un gran estadio frente a sus ojos, que había soñado marcar allí de pequeño. ¿De verdad? Así es, los niños que competían desde muy pequeños soñaban con alcanzar una de esas porterías, con marcar en una final. A poder ser, el gol que diera la victoria. El protagonista. Todos lo han hecho, aunque luego terminen jugando pachangas y quieran resistir a seguir conduciendo el balón pasados los treinta, y los cuarenta, y los… Aquellos niños que llegaban tarde porque el partido no podía quedarse a medias. Se pelaban las rodillas en campos de tierra y bajo la lluvia luchaban también contra el barro. Las grandes estrellas, rompiendo las distancias que les han terminado separando, también lo hacían. Hristo también tuvo sus sueños, y los cumplió.

Cuando aterrizó en Barcelona, venía de marcar 38 goles en la Liga búlgara. Aunque en sus inicios empezó como central, Stoichkov estaba hecho por y para el gol. Su velocidad que le capacitaba para comerse metros, su disparo y sus ganas por lograrlo. Barcelona fue el lugar para reconocerle a nivel mundial.

Hristo lo discutía todo, como se sigue haciendo en los campos de barrio. Y como a todos, no le gustaba perder, sumando las características de su índole. Hacerle enfadar era un riesgo. Sin embargo, tras aquella personalidad y todos esos gestos equívocos que muchos clasificaron por estar fuera de lugar, existía una razón de lealtad a sus colores.

(FC Barcelona)

En su estancia en Barcelona cumplió su deseo de hacerse con la Copa de Europa, cinco Ligas y lograr su soñado Balón de Oro. Dotar al Barcelona de carácter ganador. Desde entonces, el Barça ha ganado 14 ligas de 27 posibles. El Dream Team marcó un antes y un después. Fue un equipo ganador, que tomó la amistad como cimiento de los éxitos. Y en él, se hallaba la esencia de Hristo Stoichkov.

En el 1992 estuvo a punto de enfundarse la camiseta del Napoli, pero el sentimiento que sentía por el escudo que representaba le había atrapado. Así era Sotichkov, fiel, querido por su afición, defendido por sus arrebatos. Uno más, uno de nosotros.

“Si llega a estar Bakero no te piso, porque es mi jefe en el campo”, dijo tras aquella acción. Porque lo suyo era lo que más respetaba y defendía. No era solo cuestión de fútbol.

A Hristo todavía le emociona recordar ese Mundial de Estados Unidos en 1994, donde Bulgaria quedó cuarta clasificada. Stoichkov marcó 6 goles en 7 partidos. También sigue defendiendo lo azulgrana. Todo lo que ha vivido, de algún modo, permanece en él, como si además de su legado, tuviera que seguir defendiéndolo de algún modo.

Nunca le importó lo que dijeran si hacía lo que le dictaba su naturaleza. No le avergonzó bromear sobre el alcohol que le hizo besar a Koeman, y le quitó asperezas a ese pisotón del 5 de diciembre de 1990 con la naturalidad que le definía. Los tiempos han cambiado, el juicio ha tomado un papel relevante, y la sensación es que antes todo transcurría con más normalidad y permisión. Los tiempos han cambiado, desde los tacos de esas botas, la forma de jugar y leer el fútbol, y la manera de sentir. Y como Hristo, pocos sintieron. Toda esa provocación y sinceridad, al fin y al cabo, era todo corazón.

Foto de cabecera: FC Barcelona

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