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Gracias por tanto, jefecito. Carta a Javier Mascherano

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Querido Javier,

He necesitado días y varios cafés matutinos para asimilar tu marcha del Barça y aún a día de hoy, no me hago a la idea de que no vuelvas a enfundarte la camiseta con la que tantas alegrías nos has dado. En 2010, sólo una persona tan loca como tú, y perdóname por la expresión, podía aceptar el reto de venir a un club que acababa de ganar seis títulos de seis posibles conquistando al mundo con un excelso fútbol que probablemente, jamás volveremos a ver. Has demostrado no obstante, no tener miedo a nada y ser capaz de todo. Ser capaz incluso, de convertirte en referente en un equipo plagado de estrellas y de transmitir los valores de este club como si te hubieses criado en la Masía.

Javier Alejandro Mascherano. Infinitas gracias. En primer lugar, por sentir el escudo como nadie y luchar en el campo cada partido como si de una final se tratara. Gracias también, por saber comprender y aceptar las necesidades del equipo. Llegaste a Barcelona como mediocentro defensivo, pero Pep Guardiola te prefería de central. Respondiste con excelencia y sin rechistar la petición de Pep y te convertiste con el tiempo en el jefe de la defensa azulgrana. Si algún día hubo dudas sobre tu figura, te encargaste de disiparlas rápidamente con tus actuaciones en el terreno de juego.

Gracias, Javier. Porque Wembley jamás hubiese llegado sin ti. Devolviste a la vida a muchos culés a los que se les había parado el corazón cuando Bendtner cargó el fusil frente a Víctor Valdés y te encargaste de que no diera al gatillo tirándote al suelo para arrebatarle el balón a un danés que buscaba silenciar al Camp Nou en el último suspiro. Te tiraste con todo. Te hiciste daño. Pero un argentino jamás iba a dejar que un danés le arrebatara el sueño de luchar por la Champions en las acaballas del partido. Y menos un argentino como tú, Masche.

A partir de ese momento, llegó todo. Empezaste a liderar la zaga azulgrana. Te convertiste sin quererlo, en el jefe de aquella defensa. Pasaste de jefecito a jefe en un barco plagado de talento. Porque todos sabemos de tu implicación en el vestuario, esa que te convirtió en el año 2015 en capitán por encima de jugadores de la Masía y esa que ha hecho también que el Barça haya conseguido lo que ha conseguido. Porque jugadores como tú son imprescindibles en cualquier vestuario.

Gracias por tanto, Javier. Gracias por las cuatro ligas, las dos Champions League, las cuatro copas del Rey, las dos supercopas de Europa, las cuatro supercopas de España y los dos mundiales de clubes. Pero sobretodo, gracias por haber sido siempre tú, por haber callado a los que dudaron de ti y haber demostrado que, con esfuerzo y sacrificio, se puede llegar a conquistar la montaña más alta y difícil del mundo. Esa es la mejor lección más allá de los títulos.

Me despido, aún con el nudo en la garganta tras verte llorar en tu despedida. Masche, has pasado de jefecito, a jefazo. Has conseguido algo tan difícil como que el dorsal 14, aparte de ser recordado por el dorsal de Johan Cruyff, también se recuerde por ser el dorsal de Javier Mascherano. Y eso son palabras mayores.

Gracias y hasta pronto, Masche.

 

 

 

 

 

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